cierra ya los ojos, no quiero ver el frio que desprende el hielo de tu azul al morir. las lágrimas de sangre que surcan tus mejillas se mezcla con el sudor de la última vez que hicimos el amor. no creas que voy a olvidarte, tu cuerpo desnudo sobre mis sábanas blancas, la sorpresa que refleja tu cara, no esperabas morir a mis manos. ¿pensabas que te quería? no estabas en lo cierto. quizá fue así al principio, pero tu mismo hiciste desaparecer lo que sentía por tí, fuera lo que fuese. sólo quedó el desprecio.
me habías robado el corazón y era el momento de recuperarlo...
cuando comprendo que se ha ido, que quizá se haya ido para siempre, un gran vacio se abre y siento que voy cayendo, cayendo, cayendo en un espacio profundo y negro, y eso es peor que las lágrimas, más profundo que el remordimiento o el dolor o la pena; es el abismo al que fue arrojado satán. no hay modo de volver a trepar, ni un rayo de luz, ni el sonido de la voz humana, ni el humano contacto de una mano.
Luego, vino la madre de todos los demonios,
el cuervo negro, el alma de la guerra.
Vino la Morrigan. Bajó volando de una nube negra.
Se posó en una piedra enhiesta de Tara.
Cantóle al Toro Negro así:
Inquieto estás, Negro, sientes que se agrupan para la matanza, alto grazna el cuervo sabio avisando que el enemigo invade ya los campos, viene ya a llevarse el ganado, ricas llanuras de cabezas, espigas que se ondulan suaves y asoman el cuello, verdes tallos de hierbas entre brotes bermejos, ya la guerra en su furia reduce las huestes a polvo, ganado que muge, cuervo cruel del pánico vuela entre cadáveres de hombres, oh, Negro, aflicción y alarido y aullido y guerra y bramido y graznido incesantes, vuela sobre Cuailgne un cuervo negro, muertos los hijos, muertos los padres,muertos los parientes, muertos y muertos y muertos y más muertos y muerte, muerte y muerte.